jueves, 13 de mayo de 2010

Un día en Bacaramanga un viejo se dio cuenta de que llevaba toda la vida coleccionando datos. Podía decir el nombre de todas las estrellas. Hablar en todos los idiomas, incluso las lenguas de los animales. Tenía memorizados mil libros de aventuras y recordaba todo lo que le habían dicho desde que nació. Y en esto pensaba que por un día no iba a recordar nada. Pasó el día y se sintió bien. Nadie aprecio el cambio y él se dio cuenta de que a veces el olvido es refrescante y no hay que tener miedo cuando todo parece nuevo.

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